24 abril, 2009

Spectrorum




Spectrorum



Fabian Clementi


Colección Poesía - 22-

48 páginas.

La ceguera 

Montañas y montañas que se acumulan 
y forman el gran basural con papeles 
que pocos se atreven e leer. Si nos animáramos 
a recuperar el brillo de la infancia, 
la brisa repercutiría 
en nuestra piel 
como un eco con el plumaje 
del vientre de un ganso. La luz 
se reflejaría al igual que un enorme 
vitral en el centro de la frente 
y giraría: chorreríos 
en colores. Las sombras de los árboles 
en los ríos ascenderían en brillantina plateada 
adhiriéndose a las nubes: lluvia 
que explota como el cristal. Las mañanas 
fabricarían el florecido puente 
con el pellejo de los campos 
transportándonos hacia la miel 
de la tarde. Y al aljibe de la noche, 
del cual extraeríamos 
con los baldes de esperanza 
el agua vegetal que hemos de beber.


Tapiz 

Ayer pude ver a mi madre 
pintada sobre una tela blanca. Un lienzo 
viejo que de tan viejo, el amarillo se filtraba 
por las separaciones que se abrían con la humedad 
dejando ver el negro. Ella sonreía 
en medio del dolor. Su mirada 
caía como caen las grandes esperanzas 
en un vidrioso mirar hacia abajo. Su sonrisa 
se cerraba al llegar a los pómulos 
quebrados. Todo su pasado 
chocaba como un tren al cielo 
golpeando su pecho: la piedra roja 
que no se pudo abrir 
evitaba el paso 
necesario 
de esa maquinaria ahora pesada. La veo 
acariciarme los cabellos con todo su amor, 
sobreviviendo con tristeza. 
Imagino su corazón: fruta 
que lucha contra la podredumbre, 
ubicada en ese seto entre paredes 
de un barrio. Madre, 
si yo sólo deseo resolver lo nuestro 
alejándome ahora en un bote 
por medio de estas aguas con brillos, 
ojos que no paran de mirarme. Voy atravesando 
la niebla en medio de los espectros, con la intención 
de volver 
a desplomarme en tus brazos.

*

Si bien recorro las calles con mi auto 
bordeando la costa, en mi cabeza 
titila el retorno de mis antepasados: fulgores 
que vagan como abejas alrededor del jacarandá. 
Desde las rosas 
y los alelíes 
se forma la imagen: aire 
que se desintegra en el blanco 
de los fantasmas. Susurros 
entre el lila de las plantas 
que desembocan en una larga humareda 
mezclados a los sacrificios 
en las parrillas: carne 
que se evapora 
y cruza 
los espíritus. 



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