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22 enero, 2015

PALP 2

Palp Número 2
Revista de géneros

Año 1 - Número 2

152 páginas

Textos de:
OSVALDO AGUIRRE
GUILLERMO BAWDEN
SEBASTIÁN PONS
FERNANDO MONTES DE OCA
IVÁN WIELIKOSIELEK
JUAN MANUEL CANDAL
LAURA PONCE
PABLO DOBRININ
JUAN MANUEL PORTA
JAVIER MATTIO




Ficciones y perspectivas

Sebastián Pons




Sólo podemos comprender, en realidad,el mundo que nosotros hacemos.Friedrich Nietzsche, La voluntad de poder






En la biografía ficticia Under the Hood, Hollis Mason (el primero en encarnar al héroe enmascarado “Búho Nocturno” según la magnífica novela gráfica Watchmen, de Alan Moore) nos confiesa que en su niñez, ante el conflicto que significó para él ese abismo que se abría entre las ideas de justicia de su abuelo y las manifestaciones diarias de la vida brutal y envilecida de las ciudades, buscó refugiarse en la moralidad predominante de la literatura pulp. Esos relatos y los cómics de superhéroes le ofrecieron un mundo de valores absolutos “…donde lo que es bueno nunca estaba bajo la menor sombra de duda y donde el mal inevitablemente sufría un castigo adecuado”. Hollis buscó en estas páginas aquello que le faltaba, una resolución a ciertas angustias que brotan atizadas por las miserias crecientes de gente real, una ética invulnerable a la ambigüedad. Y aunque, siendo personaje ficticio, luego se dio el lujo —o, también podemos decir, cometió el error— de llevar aquello a la práctica poniéndose una capucha y saliendo a enderezar entuertos, lo cierto es que sus lecturas le dieron a Hollis una mirada, un punto de vista, una perspectiva.
            Si pensamos, sin esforzarnos mucho, en inmensos como Philip K. Dick, en lo que Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y 1984 nos legaron, en casos más cercanos como el fresco sobre la Argentina (¿y la Latinoamérica?) de los 90 desplegado por C. E. Feiling en una simple novela de terror, convendremos en que no son extrañas las relaciones de la literatura de género con las ideologías, la política, los sentidos del mundo, las filosofías y los idearios: todas modalidades o complejidades o variaciones de lo que contemporáneamente se ha vinculado con la idea de perspectiva. No es extraño que, sin haberse puesto de acuerdo sus autores, las cuatro novelas por entregas que se están publicando en revistapalp.wordpress.com ofrezcan tantas observaciones incisivas vinculadas de una u otra manera a problemáticas sociales. Tampoco lo es la aparición constante de publicaciones que van en ese sentido: la colección “Saqueos en Greiscol” de la editorial Clase Turista, las últimas policiales de un clásico como Ricardo Piglia, la producción full time de ficciones de género por parte de autores como Leonardo Oyola, la reciente invención Mano propia de Nicolás Saraintaris, o los numerosos proyectos —¡algunos en papel!— de corte folletinesco.
Los relatos de ficción son lectura de mundo y se ofrecen para otras lecturas posibles; manifiestan una crítica pero a la vez abren hacia críticas que se ubican (y retozan o se incomodan) más allá de ellos mismos. Como sucede con Hollis y sus lecturas pulp, nos dan bases, puntos de fuga —en sentido plástico—, elementos y/o modelos para nuestras construcciones, nuestras interpretaciones o las perspectivas desde las cuales configuramos nuestra vida para poder comprenderla. Porque de otra manera… quién sabe… de otra manera, ¿el caos, la deriva absoluta, un paseo espacial sin la Tierra como referencia, un sistema entretejido de engaños donde cada espía es un doble agente, la oscuridad inmensurable y en expansión de La casa de hojas de Danielewski, la mera vida sin intelecciones, sin nosotros, sin nadie que la llame “vida”?
            Hacia lo que suponemos es el final de su autobiografía (recordemos que se trata de fragmentos intercalados en la novela gráfica), Hollis Mason nos cuenta cómo había decidido pasar los últimos años de su vida: cuando todo el asunto de los héroes enmascarados se fue al diablo y un tremendo vacío comenzaba a amenazar su porvenir, habiendo llegado, previamente, a la conclusión de que nunca había sido tan feliz como cuando ayudaba a su padre a arreglar motores, el ex Búho Nocturno abre un taller de reparaciones de automóviles. Ese sería su final inmutable, el estado en que lo encontramos en el presente de la historia de Watchmen, una vida apacible tejida de días idénticos y con un pasado memorable para traer al recuerdo y al relato oral. Pero, lo sabemos, el mundo del cómic de Alan Moore (sus héroes, sus retorcidas ideas de libertad y justicia, sus dirigentes) no es el del maniqueísmo sencillo e inobjetable de las ficciones que agradaban a Hollis: como remate, su destino se torna funesto porque su pasado de héroe no había finalizado; su perspectiva, su mirada de moralidad historietil, se da vuelta y parece decirle, burlona: “nadie escapa, nada se simplifica o corrige; cuando se lee pulp, géneros, ficción extrovertida y muscular, el mundo no se desvanece, la gente no pierde tiniebla ni ambigüedad, la maldad no se esclarece; por el contrario, cuando se lee esta literatura, se abren más los ojos, la piel de la realidad se hace inmensa y se llena de imperfecciones, baches, páramos irregulares. La capucha o el antifaz, mi querido Hollis, no son velos, sino lupas.”

            En esta entrega, PALP se contamina de las artes oculares de la ficción: la dignidad carcelaria, las desventuras de una inteligencia artificial y la expiación de tiernas pulsiones, en las miradas de Osvaldo Aguirre, Javier Mattio y Juan Manuel Candal; las recónditas ignominias de lo pueblerino, el paulatino ascenso del deceso y los vecindarios de la crueldad entre especies, desde los puntos de vista de Iván Wielikosielek, Laura Ponce y Pablo Dobrinin; la encarnación convergente de la rebeldía, el mesianismo científico-militar, las peripecias de un fletero y las brutalidades de la experimentación, en las perspectivas de Sebastián Pons, Guillermo Bawden, Fernando Montes de Oca y Juan Manuel Porta. Hidrátense los ojos, lectores: no vaya a ser que tanta ilusión óptica los agarre lagañosos. 




18 febrero, 2014

PALP

Palp Número 1
Revista de géneros

Año 1 - Número 1

160 páginas

Textos de:
ELVIO GANDOLFO
RAMIRO SANCHIZ

MARTIN CRISTAL
CESARY NOVEK
LUCIANO LAMBERTI
LEONARDO OYOLA
RODOLFO SANTULLO
DIEGO CORTÉS



De lo mollar al tuétano, ida y vuelta
Sebastián Pons

…comprendió que su sueño no había sido del todo suyo, sino en buena medida una compilación de leyendas mal interpretadas y películas de bajo presupuesto.
C. E. Feiling, El mal menor


Pulpa. La carne de la fruta. No el carozo, no lo que canta, no el alma al fin del cuerpo o un hálito de frutos rasgados en poder de los duendes. No la semilla, el germen, el mero signo de lo por-venir, la piedra angular; no el simiente —tampoco el cimiento— que estallará para que florezcan las grandes catedrales, los géneros mayores (narrativa, poesía, drama). La pulpa: lo sabroso, la mullida carnosidad donde se hunden los dientes, el jugo que salpica y chorrea.
La pulpa mollar, lo blando, lo fácil de digerir, la narrativa del lector fiel al policial, al terror, a la ficción científica, al fantástico, a la aventura. La pulpa, entonces, que cubre el carozo, las semillas, los gérmenes; los cobija, los acolchona, los protege. De esos embriones proceden las arquitecturas de la lengua; poéticas ancestrales, estilos cuasi eviternos y orfebrerías de palabras —de las que han brotado escuelas literarias— están en potencia en la propia semilla. Pero antes hay que roer y engullir la pulpa: por caso, la actual generación dominante y los nuevos clásicos de la literatura argentina se criaron leyendo historietas, leyendo a Chandler, leyendo a Dick; el propio Borges supo nutrirse de las seudo-épicas cercanas, de la aventura, de los llamados “géneros menores”, y Roberto Arlt es legatario del folletín. Incluso, sin cobardía ante el titán neblinoso de la historia, hundidos hasta la nuca en la genealogía, por ahí nos toparemos con el cervantino de la triste figura acodado sobre las historias de caballeros, tan de moda en una España de otro tiempo; y (sin movernos de época) también hallamos al propio Shakespeare, gran asimilador de relatitos populares o chusmeríos devenidos leyendas (como esos de naufragios que inspiraron La Tempestad). Así, frágil pero bien trenzada, resistente pero tierna, la pulpa ha envuelto y deleitado desde siempre, y ha empalagado y se ha descompuesto y ha debido regenerarse.
Porque también se trata de la pulpa medular, la arcana criatura de los tuétanos, la que habita el centro del carozo. Habitamos y somos habitados. Por eso, a las históricas tentativas de críticos y académicos, a la tajante opción todo (literatura, cine) es género o los géneros no existen —ya observada sabiamente por Elvio E. Gandolfo, uno de nuestros convidantes—, contestaremos todo es género y los géneros no existen. Como de ficción científica y fantasía se trata, como si a zambullirnos en la realidad nanométrica nos aprestáramos, las proposiciones no se excluyen mutuamente; más bien se irrumpen entre sí, se parasitan, y crecen, hongo del hongo del hongo, nutriendo/se y matando/se, liquidando/se y forjando/se, en un solo movimiento (que es muscular —como del miembro de un ser inabarcable— y, a un tiempo, se disgrega en su inútil esfuerzo tras la piel de las sombras).
Acordamos con Gandolfo en que “los géneros ‘menores’ cumplen un papel de refresco, de refuerzo de la literatura ‘mayor’”; pero entendemos (tenemos fe en ello) que es un camino de ida y vuelta, que las formas complejas y la estilización sumamente artística han enriquecido, a veces como tenia, otras como lluvia de fuego, a la ficción pulp.
La pulpa es el borde —en los confines de todo cosmos conocido e hipotéticamente en el más allá—. Es el borde exterior y el interior a la vez: delimita y une. “La ficción es una rama de la neurología”, escribió J. G. Ballard en el ensayito Notes from Nowhere, y, a la vez —en una consideración que recuerda la de la metafísica como rama de la literatura fantástica (Borges)—, una líneas más adelante sostiene lo contrario: “La neurología es una rama de la ficción: Los libretos de nervios y de vasos sanguíneos son las mitologías escritas del cerebro y el cuerpo”. Lo uno y lo otro, la lectura que se recluye y que abre en un mismo movimiento, ni sólo gran literatura ni sólo leve divertimento narrativo: eso es PALP.
Como un camarada temible o una mascota desbocada, PALP es el homenaje y el sarcasmo de aquella pulpa de papel que en las primeras revistas norteamericanas —las pulp fiction— protegía a una comunidad de lectores de género a la vez que los arrojaba al peligro de otra literatura. Ahí queremos estar, enlodados de pulpa, melifluos y gredosos, al límite, bordeando cualquiera de las manifestaciones posibles: interrogados por ese engendro externo que nos emergió al descuido; interrogando, a su vez, al bloque sofocante del aire exterior; interrogados, también, desde adentro por esa perturbación viviente que se ha aprovechado, para guarecerse, de las grutas hendidas en las partes deterioradas de nuestro cerebro. Pero interrogando al fin, de cualquier manera, con preguntas como las siguientes:
¿Cómo accionarían en la realidad sensible las miles de recónditas voces o el inmenso misterio que pudiera habitar el interior resplandeciente de un escritor? ¿Lo que se avecina en sueños es más temible que su émulo de la vigilia? ¿Qué sucede cuando, como un místico, se está en posesión de una verdad irrefutable y absoluta? ¿Cuánto cuesta el cariño hacia lo extraño? ¿La moral más violenta debe juzgar como entidad toda apariencia? ¿A qué sabe lo real para un incisivo profesional de lo aparente? ¿Qué podría emerger de un bosquecito lindero a la zona de asadores al costado de la Ruta 9? ¿Cuál es la velocidad de un síndrome en un entorno afectado por una apretada agenda criminal?

Interrogantes que convergen en PALP N° 1, y de cuyos rodeos, respuestas tentativas o hipótesis dislocadas se encargarán, respectivamente, Elvio Gandolfo, Martín Cristal, Rodolfo Santullo, Ramiro Sanchiz, Cezary Novek, Diego Cortés, Luciano Lamberti y Leonardo Oyola. Generosos convidantes de sabrosa pulpa. ¡Ay, lectores, como para no hundirle los dientes!

(texto editorial de Sebastián Pons)